lunes, 7 de marzo de 2011

libertad

   Integro el 0,3 por ciento de las personas más libres del mundo, que en este caso es el mundo occidental, dado que el de libertad es un concepto que sólo tiene sentido en el marco de nuestra civilización -donde se inventó-. Lo que pase en otras es inaccesible, ¿alguien puede discutirlo? Ahora tengo que reducir el porcentaje. ¿Qué me falta para eso? ¿coraje? ¿dinero? ¿verdad?
   La buena salud es una condición sine qua non para ello, aunque también puede sostenerse que un problema de salud limitante en algún sentido equivale a un nuevo punto de partida desde el cual la libertad es igualmente alcanzable (y que en definitiva la salud nunca se alcanza, pues hacerlo equivaldría a alcanzar la inmortalidad).  Me permito dudarlo: la salud -su necesidad o falta-  nos devuelve de modo inolvidable a la biología, y con ella a la primera y más determinante de todas las prisiones: la muerte, que es lo real, nuestra compañera más permanente, de la que luchamos por librarnos desde el principio de los tiempos.
   Conozco sólo una sola mujer que habla y piensa desde fuera de la biología, que no casualmente es también el argumento -la razón, difusamente presentada, y sobre todo abstraída de su carácter de invención civilizacional- que el oscurantismo esgrime una y otra vez en sus intentos de sofocar las libertades de crear y amar.

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