miércoles, 21 de marzo de 2012

siempre lo supe

"...la marihuana, por otro lado, según algunos postulan, podría tener algunos efectos neuroprotectores [...] efectos sobre la reparación [de neuronas]"

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un modelo miserable*


manual para vivir del pasado
-Voy sin el celu.
-Nooo.. Lleválo, boludo, lleválo.
-Para qué. Se me va perder. Así voy más tranquilo, hago lo que se me canta y no me tengo que andar preocupando.
-No nos vamos a encontrar. Lleválo man, por cualquier cosa.
-Bueno está bien.
   Así hablamos por tel con Salvatore (amigo de toda la vida se puede decir) una hora y media antes de las ocho de la noche, momento fijado para encontrarnos en las inmediaciones del monumental para entrar juntos a la última presentación de roger waters en argentina. Ambos proyectamos llegar pedaleando así que, de acuerdo con lo que él pudo averiguar, quedamos en reunirnos en la guardería de biciclos de monroe y alcorta. Como mi amigo es un descerebrado hincha de fútbol (encima de river) conoce al dedillo tanto los accesos a la cancha como la retícula urbana que la rodea, pero yo no. Así que una vez dejado el tren en Belgrano C, apunté para la cancha sin más. Y mintiendo ser de ahí conseguí llegar hasta los mismos muros del estadio. Estaba vacío y lleno de postes. Me pareció un lugar perfecto para dejar la bici, ¿para qué alejarme seis cuadras si podía ahí? Como había llevado el móvil le escribí a salva: “te espero en Alcorta y vict de la Plaza; ya estoy acá”. Pero el mensaje nunca le llegó, si bien yo supuse todo el tiempo que lo había recibido porque poco antes me había llegado uno de él. El punto es que para cuando me percaté de que los móviles no andaban ya nos habíamos desencontrado y terminé entrando SOLO al estadio, temeroso de que entrar tarde y perderme el principio del show, pensando que él estaba adentro. Me trepé al arco de fútbol y sentado sobre el travesaño giré todo lo que me dejó la cintura con los brazos en alto para un lado y para el otro. Pensé que si estaba por ahí me tendría que ver. En eso se trepó un chico justo al lado mío.
   -Tenés fuego -le dije, porque ya eran nueve menos cinco y quería empezar el recital de la cabeza. Si encima me iba a desencontrar con mi amigo por lo menos que me sacaran de allí mis sentidos inflamados.
   El chico me dio fuego al tiempo que se daba vuelta sobre el travesaño del arco. ¿Me puedo agarrar de vos? preguntó para girar. Claro, le dije mientras se prendía de mis camisa y remera. Era un lindo chico. Prendí el faso y le ofrecí una seca. Gracias, dijo, son flores. Asentí. ¿Tuyas? Contesté con un gesto de a quién le importa.
   -¿Estás solo? -preguntó.
   -sí. Y vos.
   -También solo. Tenía entradas para hace cuatro días. Pero las tenía mi novia, y me dejó y se las quedó ella. Así que vine hoy, pero solo. ¿no es re triste lo que me pasó?
   -Yo me desencontré con un amigo y me vine acá al arco para que me vea.
   A los minutos vinieron los seguranzas a bajarnos. Ya en el suelo el chico tan simpático me hizo un gesto que invitaba a seguir juntos por un tiempo, a compartir la deriva. Pero desalentado por la mención de la novia (no tenía ganas de ese tipo de régimen) y porque todavía tenía la esperanza de encontrar a salvatore, le corté el rostro. Ya eran casi las nueve. Decidí que mi amigo debía estar perdido entre la multitud y me sumergí también en ella, ya considerando que sólo el azar podía reunirnos esa noche. Así que me abalancé hacia la multitud. Ya colocado pude ver el inicio del gran show. Las proyecciones, la música. Bastante espectacular, el sonido excelente, fuerte y claro. Pero la gente… una plasta total. Es cierto que hace más de 12 años que no pisaba un recital, pero mi recuerdo era otro: la masa de gente muy apretada en la indeferenciación del sudor propio y ajeno, la marea humana que te arrastra, a veces te presiona, nunca te hiere, el masaje colectivo. Ése régimen de mis tiempos ricoteros, e incluso de algún river con serú girán, hace tantas eras. Pero acá nadie se movía si no era para levantar móviles o camaritas con que filmar el concierto. Un bosque de manos alzadas registrando cosas que ocurrían a 100 metros en copias de mala calidad. Incomprensible para mí. Me pregunté si será la edad. Yo quería bailar.
   -Después dicen que la sociedad no respeta a los ancianos -le dije a una mina que tenía al lado ante la proyección de un primer plano de waters, lleno de arrugas e imposibilidades. 
   Las animaciones de la pantalla mostraron en eso una escuadra de bombarderos, que en lugar de torpedos dejaban caer símbolos religiosos: primero cruces del cristianismo, después medialunas musulmanas, al fin estrellas judías. El público miraba, pero sólo elevó su voz en un desaprobador murmullo cuando las metáforas de las bombas eran logos de grandes empresas: shell, mercedes benz. ¿la religión no les inspira el mismo rechazo? ¿o es corrección política para no pasar por antisemitas? Cualquier opción es un bajón.
   En algún momento en que la masa se animó un poquito seguí avanzando, cada vez más adelante. Sin dejar de bailar. Por ahí me topé con una mina que me cerró el paso con la espalda. Y me puse a bailar con toda libertad. Sin brusquedad, aprovechando el contacto con los cuerpos semidesnudos que estaban atrás, al costado, adelante. Pero ella lo tomó mal.
   -Me estás apoyando -me espetó en un momento con su voz de loro- me estás apoyando.
   Nunca tuve esa intención, y ni pasó por mi imaginación -le contesté la pura verdad rimada, pero en su mente no había lugar para otra posibilidad-.
   -Sí, me estás apoyando.
   -¿Vos para para qué venís a campo? Yo para bailar.
   Lamenté no haberme quedado con el chico del arco. Lo extrañaba ahora ante esa mujer tan bruta. También estaba solo como yo y parecía luminoso e inteligente. Igual aproveché la acusación como excusa para pedir “permiso, que una muchacha acaba de acusarme de estar apoyándola, a mí que he dado mi vida al arte” y seguir avanzando hasta la primera fila, donde al final llegué y pude reposar entre jóvenes, chicos y chicas, semidesnudos (ellos con el torso al aire, preciosos lomos, ellas con esas tiritas que les sostienen los tops), todos compartiendo el sudor propio y ajeno. Ahí me sentí más a gusto, aunque, para decir las cosas como son, era el peor público que me ha tocado. 
   Me sorprendió gratamente encontrar unos (dos) que habían conseguido entrar tras pagar coima en la puerta (100 pesos contra los 475 de la compra nética). Sos un rey, le dije a uno. Es que pocas veces fui a un espectáculo organizado con tanta mala onda y desprecio por la gente, donde todo responde a la finalidad de extraerle la mayor cantidad de plata: además de todos los abusos que rodean la venta de entradas (por ejemplo los extras que se suman a la venta electrónica, o que el programa que la regula dé como agotadas las entradas de campo de pie para que la gente compre las otras más caras, pero cuando uno insiste insiste resulta que todavía quedan entradas de campo, etc), no hay la menor preocupación por el público, al que se descuida y maltrata: con el fin de exprimirle todavía unos pesitos más en la compra obligada in situ, no se le permite entrar con agua, y en el calor asfixiante de las primeras filas (donde yo estaba) no se manguerea al público, que aunque quisiera no podría desplazarse a comprar, con el resultado de que todos se apretujan por conseguir uno de los vasitos de agua miserables que se reparten a cuentagotas y no impiden la deshidratación de nadie (a propósito de esto se me ocurrió un argumento excelente para un policial que ya escribiré, en que una banda se complota contra esta mafia del dinero, y les gana).
   Y por otro lado, vamos a decir las cosas como son, el show de waters es extremadamente básico, simplista, panfletario (lo que explica en parte que los asistentes también lo sean: no saben ni bailar, y a lo sumo en dos o tres momentos que evocan de la manera más tosca un ritmo militar se ponen a saltar de manera desenfrenada, como los brutos que son), un producto serial, sin irregularidades ni imprevistos, que para peor escatima la mejor producción del músico, la anterior a the wall (está bien, el tour se llama como la película del disco, pero podría haber incluido alguito previo para la afición); ¿pero qué puede esperarse de un espectáculo cuya racionalidad (más allá de todo el mensaje pacifista y presuntamente libertario de waters) es producir la mayor cantidad de dinero? Es la última vez que contribuyo a ese modelo de negocio tan miserable. Lo que sí, me dieron ganas terribles de volver a un buen recital, los redondos (el pasado), y no me voy perder el próximo del Indio.
   A la salida me encontré con salvatore y fuimos a una parrilla. Discutimos sobre quién tenía la culpa del desencuentro: según él, yo; según yo, los teléfonos móviles que él tanto valora y en los que me inspiró tanta confianza. Después me reprochó ansiedad para comer, lo que era un hecho, pero la verdad es que el recital me había consumido mucha energía, y la bici también. Ambos coincidimos en que había estado bueno, pero habría estado mucho mejor de haberlo vivido juntos y fumados, lado a lado. Volvimos pedaleando por libertador un buen trecho, hasta que se desvió. Llegué a mi casa, me duché y dormí como el angelito que era.

*El título, pensé ayer, podría haber sido “volver a los 17”, pero no hubo nada que me recolocara, ni por un instante, en esa época de ensoñación y esperanza, ya tan neblinosa. Todo fue nuevo, más allá de alguna evocación.

viernes, 16 de marzo de 2012

te venís al centro de rompedor


igual pero con lluvia
  Debo a un amigo querido una experiencia nueva y hasta hace unos años inimaginada en la ciudad donde nací: volver a mi casa sita en el microcentro desde el abasto en bicicleta una noche de verano y lluvia pasadas las cero horas por avenida corrientes. Es posible que aun sin su concurso tarde o temprano hubiera llegado a hacerlo, porque la capacidad y la técnica estaban ahí, y ni hablar la voluntad. Pero su donación (un biciclo) hizo posible que sucediera ahora y no en otro momento, cosa que sólo puedo agradecer: el tránsito no muy nutrido pero de todos modos vociferante cuando se acercaba en oleadas semáforas bajo la lluvia perfecta y limpia despejó mi mente y puso en su punto mi cuerpo. No lo olvidaré.

lunes, 12 de marzo de 2012

Manuscrito hallado sobre una mesa

Por DI para EDM
   Cuando me mudé a vivir solo tenía 23 años, y mi abuelo, que ya estaba con un pie en la tumba aunque lo ignoraba, me hizo ir a su casa.
   –Fijáte en la mesita ésa que está en la esquina –me dijo.
  Es una mesa baja, de madera (o de algo que la imita muy bien), con tres patas cilíndricas que conforme se acercan al piso se distancian. La tabla forma un triángulo que está mutando a círculo, cubierto de una especie de acrílico transparente bajo el cual se ve un dibujo que para la época (los setenta) era moderno, y hoy sigue siéndolo: finas líneas circulares de color rojo y blanco definen elipsis que se cruzan sobre un fondo negro, acompañadas de dispersos círculos llenos, mucho más pequeños, como manchas, de los mismos colores. Una mesa que nunca antes había visto en lo de mi abuelo, aunque lo había visitado lo suficiente.
   –¿La querés?– me preguntó.
  Cómo no la iba a querer, si está buenísima (y así es que todavía hoy motiva el comentario elogioso de cualquiera que la vea).
   –Bueno –agregó–. La mesa era de tu tío, y cuando fui a su casa a levantar todo, encima tenía esto.
   “esto”es el relato que sigue, escrito a mano en un raro papel amarillo. Mi tío integra desde el año ‘77 la lista de desaparecidos de la Dictadura.

lunes, 5 de marzo de 2012

Hamlet – Así nace el amor VIII

    No pasó mucho tiempo para que Hamlet guardara con las suyas la segunda llave de mi departamento, la destinada a las visitas que cada tanto llegaban de Argentina u otros países. Se la di para que pudiera esperar adentro y no en el frío de la calle mi llegada cada vez que lo citaba allí a una hora aproximada. También como signo de confianza y amor.


Su inocencia me desarmaba
    Una mediatarde (15 horas) estaba saliendo de compatir una bañera con Robert, un muchacho flaquísimo y flexible, joven y fibroso del interior de Alemania. Cuyos provincialismo y completa falta de ambición estilística, simplicidad y franqueza me enternecieron desde el principio. Le encantaba venir a casa para conversar y abrazarme. Le gustaba que le ofreciera un pecho velloso, y a mí, al contrario, su cuerpo casi enteramente lampiño y su inocencia. Padecía una discapacidad menor, nunca llegué a entender del todo de qué tipo, pero sí que afectaba hasta cierto punto sus capacidades intelectuales. El Estado alemán había caracterizado esa Behinderung con un porcentaje (supongamos, 30%), acreditándolo para diversos beneficios sociales (descuentos y subsidios) aunque no para todos los que se ponen a disposición de los 100% discapacitados (un ciego, un paralítico). Se copó conmigo al ver la foto de mi pecho en pelo online y, especialmente, al saber que era argentino: sin haber estado nunca en América, conocía detalles de la geografía continental (sobre todo de la Patagonia), como el nombre de varios lagos del Sur (Turbio, Puelo), y me los recitaba cada vez que nos veíamos. 
    Ese día Hamlet me envió un par de mensajes y como no contesté (estaba en el agua, no los vi) decidió venir sin más, pero no en vez de usar sus llaves de una tocó el timbre para verificar que no había nadie. Justo cuando Robert y yo acabábamos de salir de la bañera, donde nos habíamos estado tocando, y nos disponíamos a pasar a la cama, donde tendría su cierre la dimensión genital de nuestro encuentro del día. Todavía medio mojado tuve la lucidez de ir a atender el timbre (en cualquier otra ocasión no lo habría hecho, muchas veces tocaban repartidores de diarios o publicidad o cualquiera que pretendiera entrar al edificio por los motivos más diversos).
    Soy yo, Hamlet, ¿puedo pasar? –escuché y se me heló la sangre.
    Esperá un toque –contesté con dos segundos de delay. 
   Corrí a avisarle a Robert. “¡Mi novio!” dije para simplificar, aunque me parecía una descripción inexacta y exagerada. Hizo el efecto adecuado. Robert empezó a vestirse rápidamente mientras me pedía instrucciones. Lo primero que pensé fue que se quedara en el departamento. Hamlet iba a entrar y lo iba a ver, se saludarían, después Robert se iba a ir y ya. Le daría explicaciones a Hamlet, sería honesto con él. Lo consideré porque pensé que mientras nos vestíamos Hamlet estaba subiendo las escaleras hasta el tercer piso y en cualquier momento abriría la puerta. Pero no. No subió, y Robert estuvo listo en menos de medio minuto. Le dije entonces que saliera del departamento y subiera un piso, hasta el cuarto, que allí esperara a que el otro estuviera dentro y luego bajara y saliera del edificio.
    Así lo hicimos. Salió y llamé a Hamlet al móvil.
   ¿No subís? –le dije, con una ambigüedad que daba lugar a pensar que desde que había tocado el timbre lo estaba esperando.
   Sí, ahí voy.
   Cuando llegó lo recibí en salida de baño, y le dije que me había sorprendido en el agua. No hizo ninguna pregunta. Nos abrazamos, nos besamos, nos dijimos “te extrañé”. Era verdad. De pronto apoyó su cabeza en mi hombro y se largó a llorar.
   Qué pasa –pregunté conmovido.
   Es que te quiero y me pone tan triste pensar que te vas a ir dentro de poco.
Era enternecedor verlo llorar, y lo quise todavía más.
 

martes, 28 de febrero de 2012

not for me


das portero de la biblioteca
nacional haciendo la danza del vientre, me dijo l guachx
Una y otra vez preguntan: sos gay, hétero, bi? Todo eso y mucho más, contesto, o bien: no, no y no, nada de eso; o depende del día, la hora, el minuto, también. Es que parfraseando a momia, la identidad sexual is not for me, semejante antiguedad. Un tinte es otra cosa. No importa lo que uno dé. 

viernes, 24 de febrero de 2012

Madonna, nazi (!?)

    Una amiga algo desquiciada (cada vez más) me asegura que Madonna ocupa una posición prominente en una secta satánica y ordenó la muerte de Whitney (“la hizo matar”). Repite la ocurrencia tres o cuatro veces hasta que le digo “basta, ya escuché, si lo decís en serio hacéte ver, si lo decís en broma no vuelvas a repetirlo porque ya está”. “Madonna es nazi”, dice después, en otra derivación de la noche. Le contesto que la reina del pop “es genial”.
Era obvio: nunca pasto del fuego de la pasión
    No para nada, será en todo caso la mejor showwoman de la tierra, pero no es ninguna artista genial, y eso por al menos dos motivos: a) es una mujer que nunca fue pasto de pasión alguna, porque lo suyo es la dureza y el control, el control de todas las variables de la vida y, de manera complementaria, b) tiene una ética darwinista. Sólo lo mejor tiene para ella autorización a la existencia. Es el epítome de la competencia que tanto propulsan los yanquis, porque es la que les gana a todos. No padece y no conoce la piedad: es nazi.
    A Madonna le interesa demasiado el dinero –le digo como si eso negara en algún sentido sus palabras, cuando es obvio que sólo las confirma, pues para la reina del pop el dinero no debe ser otra cosa que el correlato objetivo (la garantía) de su éxito también moral–, y después de discutir hasta última hora de la noche sus ideas le hago escuchar un tema de la super estrella, agregando algo que ya pensé en otras circunstancias de mi vida–: si me dieran a elegir una vida del siglo XX, elegiría la de Madonna. Qué vida.
    Pero ahora, transcurrida la noche, veo que tiene razón. Incluso en lo del asesinato de Whitney, aunque más no sea como modo oblicuo de designar la racionalidad de la industria musical que Madonna tiene en un puño y la occisa debe soportar incluso post mortem (porque se entregó a ella toda su vida, no importa a qué costo).

miércoles, 8 de febrero de 2012

Tacto (Entre amigos II)

   Ya en su momento se aludió en este mismo sitio al mundo por descubrir que hay en la idea de hacerse una paja con un buen amigo (¡nada que objetar!), que se amplia exponencialmente cual universo multidimensional si se incluyen las relaciones con y entre mujeres (y todas las que uno sea capaz de imaginar), y tiene variantes y prelongaciones aquí y acá.

   Ahora resulta que la despierta intelligenzia local ha hecho grandes conquistas en este terreno, como puede apreciarse en este magnífico blog, que corona su oferta de entretenimiento audiovisual con una sala de chat ideal para ganar amigos solidarios en la ciudad solitaria.
   Un acto de amor con mucho tacto.

viernes, 13 de enero de 2012

Lo vandálico en Copenhague (cph)

En uno de los canales céntricos de esta ciudad marítima y costera (como Amsterdam) veo bajo el agua salada, separadas entre sí por menos de cinco metros de distancia, cuatro pobres bicicletas. Si estos objetos están ahí, es para exhibir no su calidad bicicla, sino el acto que las colocó en ese lugar, es decir lo vandálico. Pero más que el vandalismo (constitutivo de la urbe en sí, no importa el nombre que asuma) llama la atención su condición de posibilidad: la claridad del agua: ¿quién se tomaría la molestia de echar cualquier cosa -que no sean desaparecidos- en aguas leonosas, turbias? 

jueves, 5 de enero de 2012

Otra versión de 2012: el salto cualitativo

Estragos de la educación católica made in San Isidro
Un muchacho con una historia familiar compleja -no más que la mía, aunque incluye un padre fugado que hace años dejó de dar señales de vida- cree también que 2012 será una bisagra en la historia de la humanidad. En su caso, sin embargo, no hay terribles cataclismos ni desaparecen cinco sextos de la población planetaria. Pero sí las fronteras entre países mientras todo se convierte en “un quilombo”. Esta nueva situación que desde su punto de vista tal vez no tenga ya sentido seguir llamando geopolítica es resultado de una revelación que nos dará alguien llegado de otro lado (sus características lo aproximan tanto a extraterrestres de una civilización superior como a un mesías -”la era de cristo terminó”, asegura, dando a entender que la tal era de cristo ha cubierto indistintamente todo el globo, haya sido musulmán budista judío etc-) e implicará el acceso de la humanidad a un estrato superior, a una sabiduría superadora. Un salto cualitativo.
-Ah, tenés una visión optimista -le digo como resumen, para ver si entendí bien.
Sí, confirma. Es un chico kirchnerista, puto (dice él), y convencido de que el narcotráfico en Argentina se maneja desde las esferas gubernamentales.

sábado, 10 de septiembre de 2011

si lo lindo en la vida es compartir

Cuchi: me estoy bajando una versión animada de alicia en el país de las maravillas rusa
Cuchi: de los 80
esteban: de dónde sacaste la idea?
esteban: o la referencia
Cuchi: llegué por casualidad
esteban: tarda mucho en bajar?
Cuchi: acabo de ponerla así que estará mañana supongo
Cuchi: o pasado
esteban: ah, qé lástima
Cuchi: ni tanto, soy tan joven
esteban: sí, pero la noche es corta
esteban: te gusta el whisky?
Cuchi: me gusta
esteban: tengo acá uno, nada del otro mundo, pero si tenés ganas compartimos un vaso
Cuchi: paso por hoy, pero con gusto otro día, y te voy a pedir que seas sujeto de una experiencia que tengo que hacer para la facu
esteban: qé experiencia?
Cuchi: una de memoria
esteban: tipo memotest?
Cuchi: no sé qué es un memotest
Cuchi: pero imagino que sí
esteban: un juego que suele regalarse a los ninios, aunque hay también versiones para adultos, hay q reunir pares de piezas, q están boca abajo y tienen el mismo reverso. y anversos parecidos
Cuchi: bueno, no tan así
Cuchi: sólo hay que recordar palabras
esteban: mhh. por qé te negás a mi invitación?
Cuchi: porque soy histérico
esteban: no es un buen motivo
Cuchi: por que tiene que ser bueno?
esteban: ser bueno en el sentido de justificar la acción
esteban: y no la justifica
Cuchi: yo creo que sí
esteban: te das cuenta de q esta conversación podriámos tenerla en vivo?
esteban: sería mucho más agradable
esteban: enriquecedor
esteban: estimulante
esteban: y ahí podrías ejercer tu histeria con toda libertad
Cuchi: querés convencer a un perverso genocida con un caramelo
esteban: el vivo no te saca esa posibilidad
esteban: te la multiplica
esteban: no te conté un par de cosas
Cuchi: cuente
esteban: es tan árido hacerlo mediante un teclado...
Cuchi: bueno, podes contarme cuando nos veamos
esteban: bueno, respecto de la histeria
esteban: y el psicoanali en general
esteban: yo soy su enemigo
esteban: no por las múltiples razones que puede darte cualquiera, en cualquier facultad, o encontrar incluso en la vulgata de un colectivero
esteban: que niegan su episteme y aparato fenomenológico
esteban: eso me tiene sin cuidado
esteban: sino x un motivo q afecta mucho más la vida de quienes se someten a él
esteban: y es que sus categorías de descripción del mundo (histeria en este caso) lo clasifican de un modo tan empobrecedor y limitante
esteban: que resultan una asfixia
Cuchi: estás ahogado
esteban: es como los nueve tipos de personalidad de un libro del que me quería convencer un amigovio que pasó unos días por acá
esteban: puede ser, pero no es lo que viene al caso, sino que puedo respirar
esteban: una forma de empobrecer el mundo, aunque no niego que en su momento (viena cien anios atrás, los cincuenta en paris pre-68) haya sido lo contrario, una forma de ampliar sus límites
Cuchi: ok
esteban: ahora vos lo usás como coartada
esteban: soy histérico
esteban: ergo, no salgo
esteban: no es un buen motivo
Cuchi: comí ravioles y bebí cerveza, viajé, di clases, cursé
Cuchi: ergo
Cuchi: verga
esteban: qerés?
Cuchi: tengo
esteban: además de la tuya, alguna otra?
Cuchi: también tengo
esteban: y por qé no la compartís
esteban: por qé no las compartís

viernes, 26 de agosto de 2011

compleja personalidad animal

Bien tratados, los chanchos alcanzan grados de domesticidad similares a los de un perro, acostumbrándose a responder por su nombre al llamado del amo. Cada vez son más quienes tienen cerdos como animal de compañía. A los chanchos les gusta que les rasquen el lomo y en general suelen mostrar buen humor e inteligencia, curiosidad y un notable sentido de la orientación: la televisión los hipnotiza. En el marco de su piara desarrollan complejas estructuras sociales, forjando con algunos miembros de su comunidad lazos afectivos especialmente estrechos, que prevalecerán mientras dure la existencia común y constituyen auténticas (y a veces desgarradoras) historias de amor.
Estos rasgos, suficientes para delinear una rica personalidad animal, han posibilitado que sean protagonistas de numerosos relatos (el célebre Los Tres Chanchitos, sin ir más lejos). A su verosímil y fácil humanización contribuyen su cutis semisonrosado, la versatilidad de su aparato fonador y las expresivas líneas de su rostro. El cerdo llega a tener orgasmos de 30 minutos y es uno de los 12 animales del Zodíaco Chino.
Compañeros de la civilización desde el origen, los chanchos tienen también lugar en sus creencias: así, en el norte de Córdoba los lugareños aseguran que por las noches se aparece una chancha que arrastra cadenas por las vías del tren produciendo un estruendo infernal. Se la considera el ánima de una mujer condenada a purgar sus pecados convertida en ese monstruo, y es prácticamente imposible verla: se desvanece si alguien intenta acercársele.

lunes, 15 de agosto de 2011

no es un lobo


el trabajo no es un lobo
no se pierde en el bosque

domingo, 14 de agosto de 2011

lo mejor del invierno


Conversar, tomar tés en la cálida penumbra mientras afuera la escarcha reina en la noche sin fin, el sauna (¡las bañeras compartidas!), los interiores plácidos y acogedores de bares y cafés, la maravilla incansable de la nieve o caminar sobre el agua congelada de los mismos lagos que en verano son para nadar. Todas cosas que hacen fácil añorar el largo invierno de Berlín una vez que quedó atrás. Sin embargo, nadie que lo haya vivido ignora que lo mejor del invierno, su mayor virtud y gloria, es la primavera. Cuando la luz vuelve a calentar el aire después de tantos meses oscuros y asoman los renuevos, cuando el piar los pájaros crece hasta volverse un graznido atronador y se puede desayunar con la ventana entreabierta -o incluso en el balcón, entre las brisas- una explosión de alegría mística se adueña del mundo y grita la ferocidad de la vida.

jueves, 11 de agosto de 2011

cómo se pierde un trabajo

Hola Jane,
  No sé francamente a título de qué suponés que tengo que abocarme a
los considerar los comentarios y correcciones con que me devolvés la
traducción, dado que nunca habíamos hablado de ese trabajo, distinto
de la traducción en sí, que quedó terminada en el momento en que te
envié el texto, ayer, viernes. Encima, das por hecho que voy a estar
disponible para hacerlo durante el fin de semana, en el momento en que
a vos te resulta conveniente, cuando si te envié el texto ayer (antes
de tu “deadline”), fue justamente para evitar trabajar hoy, sábado.
  Obviamente, si hubiera alguna duda o cuestión que aclarar no
tendría problema en hacerlo, lo que no entiendo es que vos des por
hecho (como se ve ya en el mail que recibí el viernes) que volver a
trabajar en la traducción ya terminada durante el fin de semana forma
parte del trabajo. Al respecto no tengo más remedio que recordarte que
no sos mi empleadora ni mi jefa, sino que me contrataste para un
trabajo que ya terminé ayer.
  Es la primera vez en mi ya bastante nutrida trayectoria de
traductor que me ocurre una cosa así, así como es la primera vez que
voy a cobrar en base a la cantidad de palabras del original y no a las
del texto traducido; te digo esto porque tras haber hecho la
traducción pude comprobar -con pesar- la enorme diferencia que hay
entre el conteo de las palabras en inglés y en castellano (lo que no
sería tanto problema si la tarifa fuera razonable), con lo cual esta
terminará siendo la traducción peor paga que hice en la última década.
Me pregunto, por otro lado, si cuando encargás traducciones del
castellano al inglés procedés de la misma manera.
  Si por alguna casualidad se te ocurriera responderme que te manejás
de acuerdo con las condiciones que impone “el mercado”, te contestaría
a mi vez que el argumento es, por un lado, falso (estoy haciendo
traducciones para la universidad de Quilmes -de Argentina-, y la
tarifa, además de ser acorde al trabajo que hago, se ejecuta sobre los
caracteres empleados en el texto traducido), y por otro, lo más
importante, falaz: el mercado no es una abstracción externa a nosotros
e inmodificable, sino que son nuestras decisiones las que le dan
forma, por lo que en última instancia somos los responsables de las
condiciones en que existe. Ese argumento (“el mercado lo impone”) se
ha usado como excusa para permitir los mayores crímenes, porque “es lo
que hacen todos”; creo que no es necesario abundar ejemplos.
  Dicho todo esto, te aclaro que si he tenido la gentileza de
considerar los cambios e inquietudes con que me devolviste la
traducción, así como de poner todo esto por escrito, lo que me está
llevando bastante más de dos horas que nadie se tomará el trabajo de
pagarme (y eso a pesar de que me estoy perdiendo un magnífico sábado
de otoño), no es porque me sienta obligado en algún sentido, sino
porque cuando entablo una relación laboral -o de cualquier tipo- no es
lo que me guía el afán de obtener el mayor rédito posible en todas las
instancias (lo mismo suelo presumir de quien tengo como contraparte,
en este caso vos), y porque considero que de ese modo el mundo en el
que vivo (“el mercado”) es más acorde con lo que me gustaría (más
lindo).
  Considerando lo expuesto, te pido que si me volvés a a contactar
por una traducción no sea en estas condiciones, porque de lo contrario
vamos a perder el tiempo los dos (y tener otro disgusto).
  Espero que tu viaje siga siendo fructífero, besos